¡Es la hora de las bases liberales!
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*Texto de Germán Peña Córdoba *
Cuando Ezequiel Rojas, en 1848 quiso fundar el Partido Liberal Colombiano
no se equivocó. El ...
Con anticipación de un día, hoy estamos celebrando el primer año de
existencia del programa Mi Pueblo, que de manera ininterrumpida se ha venido
emitiendo por el medio radial de la emisora Juventud Stereo.
Este programa que cada viernes sale al aire a las 6 de la tarde, es un
proyecto de comunicación comunitaria de la Mesa Permanente de la Sociedad Civil
de Sevilla. La MESA, a su vez, es una organización de la sociedad civil, que
tiene características inéditas en Colombia: es una alianza de empresas
económicas, sociales, ambientales y culturales. Se rige bajo un modelo
organizativo horizontal, sin intereses políticos o religiosos de ningún tipo.
Su visión general es la de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de
los sevillanos, y su guía fundamental es el bien común de la población urbana y
rural. Junto al programa Mi Pueblo, vale la pena reiterar, avanzan los
proyectos de Observatorio estadístico y de Veeduría ciudadana de la Quebrada
San José.
Justo el día 23 de mayo de 2025, salimos al aire con la decisión de
realizar un programa serio pero entretenido, donde se pudieran construir
mensajes, ideas, controversias y canciones; todo ello bajo la vigilancia del
pensamiento critico y la urgencia que requiere, que cualquier ciudadano en el
territorio o fuera de él, conozca, reconozca, aprenda, corrija, toda aquella
información que siendo desconocida o poco conocida es importante en la vida
rutinaria de la gente. Es un lujo que no tienen, buena parte de los municipios
pequeños como Sevilla, incluso los ciudadanos que viven en las ciudades más
grandes de Colombia.
Este programa, tiene un diseño de revista que permite hablar de muchas
cosas vitales para los ciudadanos. Es un formato de cinco partes o capítulos de
un libro radial que se reinventa todos los viernes, donde resaltamos la
historia y la realidad presente del municipio.
En el primer capítulo, llamado “Sevilla soy yo”, reivindicamos personajes
que se han ido o que están presentes, pero que han tenido un papel notable en
el desarrollo del municipio. También estamos reivindicando los iconos tangibles
o intangibles que han vivido nuestros antepasados y ahora vivimos nosotros, como,
por ejemplo, los parques tradicionales, el Jeep Willis o los certámenes
culturales que históricamente han hecho presencia en el municipio. Es una de
las maneras que nos permite visibilizar a nuestros héroes que si nos
descuidamos pueden quedar en el olvido de las nuevas generaciones. Es una forma
que nos permite crear una sevillanidad profunda y feliz.
El segundo capítulo se llama “Sevilla como vamos”. Allí, hablamos de temas
muy serios que determinan la evolución del municipio. Hacemos un esfuerzo
investigativo en un lenguaje sencillo, sin tecnicismos. Son temas que abren el
debate para que todos además de conocerlos, podamos interesarnos y participar.
Por ejemplo, tanto el plan de desarrollo como el plan de ordenamiento
territorial, no deben ser vistos como el requisito burocrático de la
administración municipal de turno, deben ser tenidos en cuenta como aquella brújula
que determina el avance de la sociedad. Por ejemplo, también, renovamos nuestra
fe en la nueva versión positiva de las juntas de acción comunal de barrios y
veredas. Por eso, repetimos, resaltamos, creemos con fe, que el pensamiento crítico,
es la mejor receta para que la comunidad se active en la definición y la
búsqueda de su propio destino.
El tercer capítulo se llama “Seamos buenos ciudadanos”. En nuestro diario
vivir, no alcanza que seamos buenos o aceptables miembros del hogar. Es
necesario, diría infaltable, que todos seamos buenos ciudadanos. Nuestra
libertad de extiende hasta donde empieza la libertad de nuestro vecino. Para
enfrentar la desgracia, la violencia, la inseguridad tenemos que estar unidos y
seguir las reglas que manda la ley y la comunidad. Para compartir la alegría
también tenemos que estar unidos, y seguro, así dura más la felicidad, que es
un bien muy escaso. Resaltemos que en Sevilla hay mucha alegría. Sevilla,
alegre como sonrisa gitana. La alegría sevillana, siempre será una de nuestras grandes
fortalezas.
El cuarto capitulo, se llama “chuchito el reciclador”. Es un homenaje
permanente a la madre tierra, al aire que todavía se puede respirar, y al agua
como fuente irremplazable de la vida. Sevilla tiene una estrella hídrica que
tenemos que cuidar, no solamente las autoridades municipales y los organismos
ambientales, si no todos los sevillanos, así vivan fuera del territorio. Nos llegará
pronto lo que anuncian como el “super niño”, un fenómeno climático lleno de sequía
y de calor. Allí nos tendremos que probar. No esperemos que el agua potable, no
nos llegue por la tubería. Tenemos que cuidar hasta la gota de agua mas
pequeña. Nuestros chuchitos recicladores, tenemos dos, tienen esa misión de
educarnos ambientalmente.
Y por último capítulo, llega la alegría de los viernes: “El Cancionero
sevillano”. No me cansare de repetir, que Sevilla tiene unas minas culturales
profundas y una de ellas muy especial es su música, su propia música, increíble
en un pueblo tan joven como Sevilla. La escucharemos siempre. Hoy agradecemos
de corazón, a Ana Lucia Muñoz, por compartir con el programa esa magnifica
canción de su autoría y que dio nombre a este programa, Mi Pueblo. Esa canción,
que ya empieza a ser otro himno de los sevillanos. Gracias también, al Grupo
Bandola, por apoyar con sus canciones la producción del programa.
A todos mil gracias, especialmente a quienes nos oyen en el ruido o en el
silencio de sus hogares, de sus negocios, aquí en Sevilla o fuera del municipio
o en el exterior.
Compañeros del programa, Gloria Cecilia, Alirio, Oscar, Fernando, Javier,
Álvaro, y compañeros de Juventud Stereo, Martha, Bernardo, Adrián, JJ, Wilson y
Mauricio; como decía el famoso cantante mexicano Pedro Vargas, “Gracias infinitas”.
Y como decía la gran Violeta Parra, “Gracias a la vida”.
Que amables son ustedes queridos oyentes. Feliz aniversario.
Con solo nueve
años y por razones familiares, Chico Buarque viajó a Italia. Antes de partir le
dijo a su abuela Heloisa: “Abuelita, ya estás vieja y sé que no te veré más,
pero seré cantor para que cuando tengas saudades prendas la radio y me escuches
desde el cielo".
Brasil, es
un país hermano de Latinoamérica que, a pesar de hablar en portugués, tiene
miles de cosas comunes a los países del trópico; especialmente su música
alegre, ruidosa y feliz que desde tiempos lejanos se ha configurado como la melodía
tradicional de las fiestas del pueblo, hasta hacer pensar que Rio de Janeiro y
Barranquilla son ciudades hermanadas por el cordón umbilical de sus
maravillosos carnavales. Brasil es sinónimo de samba, ese ritmo afrobrasilero
que se baila en ese país desde el siglo XVI, pero que solo llegó a las ciudades
en el siglo XIX. Es el mismo baile con música de comparsa que hizo famoso los
carnavales de Rio de Janeiro y que se convirtió en un hito de excelsa identidad
internacional del país brasileño: en un hecho irrepetible en el mundo, el
sambodromo de Rio de Janeiro muestra cada año las mejores escuelas de samba
llena de mujeres felices y voluptuosas, solo adornadas de plumas y lentejuelas.
En esa
raíz, en los años 20 del siglo XX, apareció el ritmo del Bossa Nova como un
género musical de la música popular brasileña derivado de la samba y con una
fuerte influencia del jazz. Es una versión de la samba originalmente ruidosa y
carnavalesca, como un ritmo de salón, mas tranquilo, mas lirico, mas intimo y
si se quiere mas poético y mas romántico; como una balada española o italiana,
pero cantada en portugués. Este ritmo iría a caracterizar la nueva música
popular brasileña durante la segunda mitad del siglo XX, en las voces y en la
composición de artistas como el guitarrista Joao Gilberto con la cantante
Elizeth Cardoso (“Chega de saudade”),
Tom Jobim y Vinicius de Moraes (los de “La
chica de Ipanema”), y otros menos conocidos en nuestro medio, como Flora
Purim, Edu Lobo, Airto Moreira, Badem Powell, etc.
Pero toda
esa onda creciente y tranquila de la nueva música brasilera, que era eco de una
década musical prodigiosa con los sorprendentes ritmos del jazz, el rock, la
salsa y un clamor juvenil de cambio extendida en el mundo entero; de alguna
manera, se quebró con la instauración de una dictadura militar en Brasil: en
efecto, el gobierno democrático de Joao
Goulard, fue abruptamente derrocado por un grupo de militares encabezados por
Castello Branco, quien comenzó un periodo dictatorial a partir del año 1964 y
que se extendería hasta 1985. Estos periodos de dictadura normalmente se
caracterizan por un ejercicio del poder autoritario que elimina todas las
garantías jurídicas de los ciudadanos y calla sin titubeos el simple derecho de
la libertad y las mínimas manifestaciones de oposición.
Sin
embargo, en ese hueco negro del miedo y del silencio rotundo, apareció la voz
de un chico de tan solo 20 años, llamado Chico Buarque; a quien solo le bastó
una guitarra y varias canciones para ser el portavoz del rechazo del pueblo a
un régimen despótico.
Casualmente,
Buarque y el presidente dictador Garrastasu Medice crearon una paradoja
increíble a través del Futbol: El presidente, posiblemente el mas cruel de
todos los dictadores que le antecedieron y le sucedieron, visitaba el estadio Maracaná,
todos los domingos con el animo de reflejar una figura inocente con su radio
pegado al oído, al tiempo que en las cárceles se torturaba a la oposición;
mientras tanto Chico Buarque fanático del club Fluminense de Rio de Janeiro, jugaba
al futbol despuésde los conciertos y
muchas veces al amanecer, mientras la dictadura le mantenía un radar de control
permanente. En el año 1970, Buarque grabaría la canción A pesar de voce, dirigida a este nefasto presidente, Garrastasu
Medici. Se resalta que el Rey Pele, quien había renunciado a la selección fue
presionado por la dictadura para que jugara el mundial de Méjico 70, donde a la
postre sería Brasil campeón. Pele siempre mantendría una postura acomodada al
régimen lo que le traería muchas criticas de los artistas, especialmente de
Buarque (Ver Pele, película documental en
Netflix).
A Chico
Buarque el destino le tejió una vida musical exitosa en medio del drama que
genera el miedo y la impotencia en una dictadura militar.
Perteneciente
a una clase media intelectual, desde niño forjó un espíritu de artista,
influenciado por un ambiente lleno de arte, literatura y música. Su padre,
Sergio Buarque era un historiador reconocido, autor del libro Raizes do Brasil, que ha sido texto obligado en la academia de
ese país. Su hogar era permanentemente visitado por muchos artistas en boga,
pero especialmente por uno: Vinicius de Moraes, el gran poeta y musicólogo brasilero.
Era una casa de puertas abiertas, tanto, que alguna vez, un adulto entró a la
casa, le pidió dinero a su padre, saludó a un hermano que entraba, mientras
sostenía un pequeño televisor en sus manos: era un ladrón, que solo fue
reconocido por la madre de Chico, quien con un grito lo reconoció (Ver “Chico
Buarque”, Regina Zappa).
Dice el mismo Chico, que parte de su afición a la música había nacido,
después de escuchar insistentemente la radio que poseía, su nana cuidadora, una
india amazónica, a quien llamaban cariñosamente Babá y quien era la única autorizada a escucharla. Era la radio el
único medio de transmisión permanente de canciones en la década del 40.
En 1966, a
sus 22 años, Chico Buarque ganó el concurso de música popular brasilera con la
canción A Banda, y compartió el
primer lugar con la canción “Disparada”, del dúo Geraldo Vandré y Théo de
Barros. Buarque reclamó que esa canción estaba al mismo nivel de la suya y no
debía perder: ese hecho mostró una condición humana insuperable en el artista,
su generosa honradez. A Banda, conmovió
las radios en Brasil, porque sutilmente era una alusión de protesta contra la
dictadura. Incluso, el conocido periodista Nelson Rodrigues del diario O Globo,
manifestó impresionado: “A Banda se instaló
en la historia. El pueblo ya no silbaba, volvió a silbar gracias a Chico. Sepan
ustedes que un día entré a casa y encontré a mi mujer y a mi hijita Daniela con
los ojos húmedos. Acababan de escuchar “A Banda”. Días después, yo también
escuché la marcha genial, y tuve ganas de salir de casa, de sentarme en la
acera y comenzar a llorar” (Ver “Chico Buarque”, Regina Zappa). La canción
rápidamente fue prohibida, pero su música ya estaba grabada en la conciencia de
los ciudadanos de a pie, quienes disimuladamente la silbaban en las calles y en
las reuniones.
Fue la
época en que Buarque por seguridad, se resguardó en Italia, donde todavía
pasaba desapercibido como cantante suramericano. Allí compartió con el gran
futbolista Garrincha en compañía de la famosa cantante Elsa Soarez: decía Chico
que los romanos empezaron a reconocerlo porque andaba con el jugador a quien le
pedían los autógrafos. En Roma, le tocó ganarse la vida cantando como telonero
de la gran cantante Josefine Baker (la gran bailarina norteamericana,
despreciada en su país por negra y estrella en Europa por talentosa).
Chico
nunca ha tenido filiaciones políticas o religiosas, pero siempre ha sido un
defensor inquebrantable de la justicia y de la libertad; aunque siendo un
adolescente y siguiendo la manía religiosa de jóvenes estudiantes aristócratas,
casualmente compañeros de colegio, se afilió a la TPF (tradición, familia y
propiedad), una organización fascista de inspiración medieval y que practica un
catolicismo ultraconservador. Esta secta se promocionaba con el argumento falaz
de que el mundo se iba a acabar y que solo sus fieles se salvarían. Esto despertó
las alarmas de una familia liberal y abierta como la suya y Chico fue enviado a
un colegio diferente, hasta que le pasó la fiebre de pertenecer a esta logia. (Ver “Chico Buarque”, Regina Zappa).
De nuevo
en Brasil, continuó con su saga musical y a ojos de la censura militar, Chico
se dejó llegar con varios himnos de música popular contra la tiranía; sin
perder el estilo de las letras mordaces e inteligentes y con ritmos tan
pegajosos que inmediatamente los brasileños las aprendían. Canciones como Construcao (La Construcción), el relato de la desesperanza de los obreros de
pico y pala), Calice (Cáliz), bello
poema de la impotencia: Tanta mentira,
tanta fuerza bruta/ Aun callado el pecho, la cabeza queda/ Quiero inventar mi
propio pecado/ Quiero morir de mi propio veneno…); Deus lhe pague ( Dios le pague), una fina sátira a los desvelos de
la dictadura ( por ese pan de comer/ y el
suelo para dormir/ registro para nacer/ permiso para reír/ por dejarme
respirar/ y por dejarme existir/ dios le pague). O, A pesar de voce.
A pesar de voce (A pesar de usted), Buarque la compuso y la cantó en 1970, después de
su regreso de Italia. Una melodía sutil, contagiosa y de una sugerente ironía,
se fue extendiendo como una plaga entre la gente de los hogares y de las calles
y se convirtió en un himno contra la dictadura. Por supuesto fue censurada por
los militares, pero ya tarde, porque la gente, igual que La banda, la cantaba y la silbaba en los cafés, en las reuniones,
en las calles, en los estadios, en las universidades, en los colegios: en los
conciertos, Chico empezaba con un toque de guitarra y como A pesar de voce, estaba prohibida, los asistentes emocionados, la
cantaban en un coro imposible de callar:
hoy es usted el que manda/ lo
dijo, está dicho, es sin discusión, no?/ toda mi gente hoy anda, hablando
bajito/ mirando el rincón, vio?/ usted que inventó el pecado, olvidóse de
inventar el perdón/ a pesar de usted, mañana ha de ser otro día/ yo quisiera
saber, dónde se va a esconder/ de esa enorme alegría…../ a pesar de usted,
mañana ha de ser otro día…Para esa época, Chico Buarque siempre perseguido
por la dictadura, durante un tiempo de manera ingeniosa, grabó canciones con el
seudónimo Julinho da Adelaide;
haciendo pensar a los militares que había callado su grito musical y
confundiendo a la censura con la aparición posterior de nuevas canciones.
Fue el
momento de Oh ¿Qué será?, que sirvió
magistralmente de banda sonora de la exitosa película Doña Flor y sus dos maridos, dirigida por Bruno Barreto,
protagonizada por la encantadora actriz brasilera Sonia Braga y el actor José
Wilker; y con un guion edificado sobre la maravillosa novela del gran escritor
de Bahía, Jorge Amado. La canción es interpretada por la cantante brasilera,
Simone.
Aunque
Chico Buarque, nunca manifestó la intencionalidad de la canción, los versos y
la música tienen un acorde perfecto con la historia de la película: Doña Flor, una
mujer bella, trabajadora y ardiente, se casa y convive con el rufián mas feliz
del mundo, vago, irresponsable, fiestero, jugador y dueño de un arte indefinido
de la seducción; llamado Vadihno, quien muere pronto, victima de un trance
callejero. Ella se casa nuevamente con un personaje de características
totalmente contrarias a Vadihno, llamado Teodoro Madureira, serio, rígido,
austero, piadoso y con el loable oficio de farmacéutico. Doña Flor cumple con
su segundo esposo, pero llevada del aburrimiento de alcoba, evoca a Vadihno
quien se le aparece, la seduce y complementa lo que Teodoro no puede. Teodoro a
la hora de cometer sus deberes conyugales, además de fijar fechas y horas para
el sexo, en la misma faena, ni siquiera se quita la piyama. Doña Flor ante el
dilema de rechazar el espíritu amatorio de Vadihno y ser fiel a Teodoro, decide
aceptarlos a los dos. Se resalta que Vadihno, hace el mismo gesto procaz que
repitió en su momento el profesor Antanas Mockus.
Esta
canción, que se convirtió en apéndice de la novela de Jorge Amado a través de
la película, habla de muchas cosas, pero sin una precisión especifica: podría
ser el misterioso vuelo del amor, con las pasiones, las alegrías, las tragedias
y las infidelidades de Vadihno. Podría ser también, una sutil alusión a las
ganas de rebelarse contra toda opresión, sea marital, religiosa o militar. Podría
ser la evocación filosófica de entender las cosas que pasan siempre y que la
rutina no deja ver; incluso podría ser una jugada musical impensada de Chico Buarque
para decir cosas profundas, a veces incomprensibles y burlarse olímpicamente de
la dictadura. Se sabe que 16 años después de grabada la canción, se conoció un
expediente de la junta militar donde se analizaba la canción oh, ¿Qué será?, como un hecho subversivo
del arte de la época. (Ver
web.renciclopedia@icrt.cu)
En todas
sus concepciones, Oh, ¿Qué será, es una
canción extraña, profunda y a veces incomprensible.
En nuestro
medio de lengua española de la música popular, la canción la hizo famosa el
músico salsero de Puerto Rico, Willie Colón, quien la interpreta con unos
arreglos de gran calidad en el ritmo de salsa; y con una introducción hablada
que insinúa el misterio de la canción:
Yo creo en muchas cosas que no he visto, y
ustedes también, lo sé.
No se puede negar la existencia de algo
palpado por más etéreo que sea.
No hace falta exhibir una prueba de decencia
de aquello que es tan verdadero.
El único gesto es creer o no. Algunas veces
hasta creer llorando.
Se trata de un tema incompleto porque le
falta respuesta; respuesta que alguno de ustedes, quizás, le pueda dar.
OH, ¿QUÉ SERÁ?
Canta en
español con versión modificada: Willie Colón
(Yo creo en muchas cosas que no he visto, y
ustedes también, lo sé.
No se puede negar la existencia de algo
palpado por más etéreo que sea.
No hace falta exhibir una prueba de decencia
de aquello que es tan verdadero.
El único gesto es creer o no. Algunas veces
hasta creer llorando.
Se trata de un tema incompleto porque le
falta respuesta,
respuesta que alguno de ustedes, quizás, le
pueda dar
Es un tema en tecnicolor para hacer algo útil
del amor.
Para todos nosotros, amén).
Oh, qué será, qué será
que anda suspirando por las alcobas
que se oye susurrando en versos de trova
que anda combinándonos preguntas locas
que anda en las cabezas, anda en las bocas
que anda ascendiendo por hartos huecos
que están hablando alto en la bodega
y grita en el mercado, qué cosa es esa?
es la naturaleza, será, qué será
que no tiene certeza y nunca te da
que no tiene concepto, y nunca tendrá
que no tiene tamaño.
Oh, qué será, qué será
que vive en las ideas de esos amantes
que cantan los poetas más delirantes
que juran los profetas emborrachados
está en la romería de los mutilados
está en la fantasía de los infelices
está en el día a día de las meretrices
en todos los bandidos y desvalidos
en todos sus sentidos, será qué será
que no tiene decencia y nunca tendrá
que no tiene censura y nunca tendrá
y le falta sentido.
Oh, qué será, qué será
que ningún aviso podrá evitar
que tampoco los presos puedan desafiar
que todos los caminos tendrán que cruzar
donde todos los signos van a consagrar
y todos los niñitos a investigar
y todos los destinos van a encontrar
y el mismo padre eterno que nunca fue allá
al hombre nuevamente lo bendecirán
apagando al infierno su llama final
porque no tiene caso volver a rodar
por la falta de juicio
Ohhh, qué será
Ohhh, qué será
Ohhh, qué será
que jura el profeta, canta el poeta, y están
gritando en la maqueta
Oh, qué será
(Ohhh, qué será)
que me despierta por la noche, y me hace
temblar, me hace llorar
(Ohhh, qué será)
son fantasmas, son los fantasmas, siento la
puerta tocar tres veces
Oh, quién será
(Ohhh, qué será)
van suspirando por las alcobas y susurrando
versos de trova
ponte a escuchar!
(Ohhh, qué será)
no tiene tamaño, y es naturaleza, anda en las
bocas y en las cabezas
(Ohhh, qué será)
todos los niñitos lo investigarán y ningún
aviso lo podrá evitar
(Ohhh, qué será)
en toda campana repicará, y el que está
dormido despertará
(Ohhh, qué será)
son fantasmas, son los fantasmas, siento la
puerta tocar tres veces
¡¡¡Oh quién será!!!
(Ohhh, qué será)
son fantasmas, son fantasmas, son fantasmas,
son fantasmas
Era un poco más de las 3 de la tarde, cuando la
insistencia de 4 timbrazos en la puerta, sacaron al Topo de su mutismo. Miro
por el “ojo de pescado” de la puerta y le llamo la atención que, al otro lado,
se encontraba una persona extraña, una mujer entrada en años y con un perfil
nada desdeñable de distinción de los pies a la cabeza. Eran los años 60 en la
fría y lluviosa Bogotá, donde ser provinciano tenía más ventajas que
desventajas, porque la ingenuidad de los pueblerinos, se confundía con la
impertinencia de los nuevos aires juveniles y revolucionarios que llegaban de
Europa y de un pequeño país barbudo e insolente que había llenado de luz el
espacio Centroamericano y de esperanza al resto de latinos; y que eran
recibidos con la mayor simpatía y devoción.
La nueva política se había encaramado, como un mico
altanero, en los hombros de la aristocracia acartonada y soberbia de la
Capital, un mico que celebraba a Cuba, que cantaba a los Beatles, que recitaba Nadaísmo,
que bailaba Rock and Roll y que suspiraba por un guiño de Briguitte Bardot y
por la guitarra embrujada de Jimmy Hendrix.
Antes de abrir, el Topo recordó la advertencia de sus
familiares en el sentido de estar prevenido en una ciudad tan insegura como
Bogotá. Volvió a mirar por el lente y con prudencia quitó la aldaba y abrió
parcialmente la puerta.
-Buenas
tardes, le dijo una mujer sonriente y con una muestra de bondad en sus ojos que
no alcanzaba a desdibujar su línea de distinción.
-Buenas
tardes señora, le respondió el Topo, ya tranquilo y agradado por la visita, ¿en
qué le puedo ayudar?, continuó.
-¿Ustedes
son nuevos en este barrio, verdad?, preguntó la señora, y el Topo asintió sin
hablar.
-Bienvenidos,
en nombre de “Las hijas de María”. Celebramos su presencia y los invitamos a
orar a la iglesia del barrio. Hay que pedirle al creador que la juventud retome
el camino y no caiga en brazos del comunismo y de los hippies.
El Topo vaciló, pues su fe, que no era la misma de sus mayores,
no alcanzaba hasta el punto de ser crédulo y piadoso y mucho menos católico de
misa dominical y señal de la cruz en las comidas; no iba a renegar de la
ideología de los pobres y de las canciones de John Lennon. Sinembargo, pensó
con rapidez que él era un extraño y lo mínimo que podía hacer era aceptar las
nuevas circunstancias.
-Le
agradezco su deferencia y créame que mi esposa y mi hija estaremos atentos a
compartir con ustedes y a pedir su consejo cuando sea necesario. Somos
estudiantes y nuestro deseo es colaborar con los vecinos. El Topo lo dijo
utilizando el mejor gesto de coquetería y continuó.
-Qué bueno
conocer personas distinguidas y creyentes como usted. La señora se ruborizó un
poco y sus ojos brillaron aceptando el cumplido.
-Gracias,
dijo y sus manos ocupadas con un objeto grande de madera se levantaron un poco.
-Como
estamos en el mes de María, cada día un hogar debe dedicarle sus oraciones y
antes de entregarlo a la casa vecina, le agradecemos una ayuda económica, la
cual se deposita en este pequeño santuario, dijo señalando con la mirada el
cajón de madera que portaba en sus manos.
El santuario mencionado, era un rectángulo de madera
tallada y taponada, de 50 por 27 centímetros con una lámina vertical que
identificaba un altar con una foto plastificada de la Virgen María, una oración
escrita en 5 estrofas y un espacio para una veladora. Llamaba la atención que
el santuario, en la parte central observaba una abertura tipo alcancía para
guardar las contribuciones.
El Topo, inusualmente asumió una pose de respeto y
recogimiento y santiguándose elevó sus ojos al cielo y agradeció el honor de
ser escogido para rezarle íntimamente a la Virgen María.
-Alabado
sea Dios, dijo, mientras la señora le hacía entrega del santuario.
-Que tenga
feliz tarde, sentenció la señora para despedirse y abrió un hermoso paraguas vino
tinto con empuñadura de marfil que la protegería de una lluvia menuda y
pertinaz que a esa hora mojaba la ciudad.
El Topo la acompañó con la mirada hasta que se perdió
en la esquina siguiente y dando un brinco espectacular entró a la casa y cerró
la puerta. Al interior, la casa parecía desolada porque sus grandes espacios
estaban sin llenar. No había muebles de sala y comedor y tan solo el color
negro del teléfono resaltaba acomodado en una caja de cartón. De los cinco
cuartos, solo dos estaban ocupados, uno por ser el cuarto principal y el cuarto
de Tania que en ese instante dormía plácida como una verdadera hija de María.
La cocina lucía limpia y transparente pero más por la
escasez que por la diligencia. ¿Recuerdan el cuarto de Van Gogh? Era algo
similar, pero seguramente Vicente tenía más.
Ansioso y algo molesto por su comportamiento
inconsecuente, el Topo se acomodó en el suelo de la sala, de frente al
santuario y con la cara metida entre los brazos, en una persistente reflexión,
sintió que el rostro radiante y feliz de la virgen aumentaba de tamaño y le
sonreía como solo lo hace la mamá con el hijo después del baño mañanero.
Cerró los ojos creyendo que la forzada dieta de los
últimos días tenía estas consecuencias. Pero no, al abrirlos de nuevo se
encontró con la misma imagen gigante de una virgen sonriente. “No puede ser”,
pensó y con los ojos cerrados buscó la cama. Se tiró en el colchón y se tapó
con la almohada. Se quedó así, mudo y asustado, pensando que porqué carajo le
iba a pasar eso a él, un fiel creyente del materialismo dialéctico, un hombre
terco, enemigo de los curas católicos y apostata de las iglesias, misas, cirios
y sacristanes. En esta condición, recordó los pasajes psicoanalíticos de Freud,
donde critica el fetichismo de las religiones y las teorías de Oparin sobre la
creación de las especies. Tomó aire, botó la almohada y cauteloso salió del
cuarto y se dirigió a la sala. Atisbando y casi de reojo, buscó el bulto del
santuario y se alegró de verlo allí como minutos antes lo había visto. Miró con
prudencia y se sorprendió de ver la imagen de la virgen María en su tamaño
natural. Nuevamente se sentó frente a ella, la miró fijamente sin pestañear,
guardando el aliento, pero no pasó nada. Estiró las piernas, relajado y
tranquilo y por un momento se olvidó del asunto. Cerró los ojos de nuevo y vio
toda la película angustiante de los padres de familia pagando facturas y con
los bolsillos rotos. “Las cosas de la niña, la casa, Gloria, las deudas de
Sevilla. Oh Dios, que voy a hacer”. Lo pensó y lo repitió tres veces, cuando
sintió que en su cerebro se prendía un bombillo, como otra aparición, como un
milagro. “¿Milagro?”, “¿Acaso existen?”. Sonrió con plenitud y corrió al patio
de la casa, cogió un gancho de colgar ropa, regresó a la sala y empezó a
desarrollar el milagro.
Como cualquier vulgar violador de cerraduras, empezó a
probar en la misma del santuario, diferentes calibres del alambre, con el
forcejeo propio del ladrón, hasta que sus dedos empezaron a sangrar. Se limpió
la sangre y el sudor y durante una hora libró una batalla a muerte con la
cerradura, hasta que la abrió. En su interior encontró muchos billetes de gran
valor para la época, se quedó algunos y ya con presteza cerró la tapa del
santuario.
Al día siguiente, timbró a la puerta la señora
distinguida y el Topo diligente la atendió.
-Santas
mañanas tenga usted, gentil señora., le dijo el Topo
-Gracias
hijo, le respondió sonriente la señora.
-Anoche
con mi familia, oramos con mística y dedicación y la Virgencita se acordó de
nosotros.
-Que cosas
dices hijo, exclamó la señora.
-Si, dijo
El Topo, esta mañana, me confirmaron el puesto de profesor que estaba
esperando.
“OH que grande es la virgen”, casi que gritó la señora
e inesperadamente abrazó al Topo. El Topo resistió el abrazo y con viveza trajo
el santuario y se lo entregó a la señora.
Delante de ella y con ceremonia calculada, introdujo en
el santuario un billete grande. La señora se sorprendió por su generosidad y ya
de salida el Topo insistió en acompañarla a la casa vecina a llevar el
santuario. El Topo entregó y reclamó el santuario ese día y los siguientes días
restantes del mes de mayo, el mes de la virgen.
El Topo, como lo contó después fue víctima de un
milagro, la señora distinguida creyó de nuevo en la juventud y Leonisa la mamá del
Topo se murió con la duda de que, de verdad al Topo, su único hijo varón, el
granuja descreído, se le había aparecido la virgen.
Esta es una bella canción que no es tan popular como
los otros tangos aquí recordados. Su historia es tan singular que bien vale la
pena transcribir la nota que hace Héctor Ángel Benedetti en “Las mejores
anécdotas del tango y otras curiosidades”, Editorial Planeta, año 2000):
“Contaba Domingo Serafín Federico, que, en una oportunidad, siendo estudiante
de medicina, estaba presenciando la disección de una rana, con el consabido
experimento de hacerle latir el corazón mediante impulsos eléctricos. El ritmo
de sístole y diástole sugirió inmediatamente una melodía, que trasmitió
entusiasmado por teléfono al poeta Homero Expósito (1919-1987). La letra olvidó
la rana sobre una mesa de la universidad. Había nacido “Al compás del corazón”,
que grabo por primera vez Miguel Calo y su orquesta típica, con la voz de Raúl
Beron. Fue así como uno de los tangos más románticos de todos los tiempos tuvo
su origen, en realidad, repitiendo los ensayos de Galvani.”
En nuestro pequeño patio de Sevilla, donde el tango
posee su propia catedral en el café “Casablanca”, “El Topo”, un intelectual y
tejedor, afiebrado por el tango, alguna vez y en medio de una noche bohemia y
dando paso a su alucinación, se inventó la “trilogía del infarto”, de la cual
hacia parte esta canción con otras dos: “Cuando el corazón” y “Dos corazones”.
Al Compás Del Corazón
Letra de Homero Expósito
Música de Domingo Serafín Federico
Compuesto en 1942
En 1942 fue grabado por la orquesta de Miguel Calo con
Raúl Berón, por Carlos Di Sarli con Alberto Podestá (Washington Alí), y
por Hugo del Carril con acompañamiento de guitarras y recitado de
Julián Centeya. Mas tarde, lo grabo Carlos di Sarli con la voz de Oscar
Serpa. (1951/1954) y Julio Sosa con Leopoldo Federico (entre
1961/1964).
Late un corazón...
déjalo latir...
Miente mi soñar...
déjame mentir.
Late un corazón porque he de verte nuevamente;
miente mi soñar porque regresas lentamente.
Late un corazón...
me parece verte
regresar con el adiós.
Y al volver, gritaras tu horror...
El ayer, el dolor, la nostalgia...
Pero al fin, bajaras la voz
y ataras tu ansiedad de distancias.
Y sabrás porque late un corazón
al decir: que feliz...
Y un compás, y un compás de amor,
unirá para siempre el adiós.
Ya verás, amor,
que feliz serás...
¿Oyes el compás?
Es el corazón...
Ya verás que dulces son las horas del regreso,
ya verás que dulces los reproches y los besos.
Ya verás, amor...
que felices horas
al compás del corazón.
Para mayor ilustración, se transcriben los otros dos
tangos que hacen parte de la “trilogía del infarto”:
Cuando El Corazón
Letra de Carmelo Santiago
Música de Francisco Canaro
Compuesto en 1938
Fue estrenado por la orquesta de Francisco Canaro, con
su cantor Roberto Maida, en el film "Dos amigos y un
amor".