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2 dic. 2019

Cali…..Pachanguero

Crónicas musicales… crónicas sobre canciones populares muy reconocidas en el mundo.
Por: Ernesto Pino
Dedico esta crónica a la memoria del compositor de salsa Jairo Varela, dueño de esta canción, chocoano de nacimiento pero que con Cali Pachanguero se convirtió en un hito histórico de Cali y contribuyó significativamente para que fuera la Capital Mundial de la Salsa. Igualmente, un reconocimiento al escritor Umberto Valverde, biógrafo de Varela y quien con su notable libro “Jairo Varela, que todo el mundo te cante”, rescató la impronta del compositor y me permitió hacer estas notas.

Dicen que años atrás en un escuela humilde del Distrito de Aguablanca de Cali, el profesor le pidió a sus alumnos de cuarto grado que cantaran el himno de la ciudad. Ellos lo hicieron cantando Cali Pachanguero.

En diciembre de 1984, el Grupo Niche en una presentación multitudinaria en la plazoleta del CAM, compartiendo con el Gran Combo (una de las mejores orquestas de salsa de la época), se llevó toda la gloria cuando interpretó la canción Cali Pachanguero, la que luego sin ninguna duda fue elegida la canción de la feria número 27. Fue quizás la noche más sublime del grupo, desde que se creó la orquesta en los primeros años de los ochenta.

Que yo recuerde, en Cali hubo tres momentos estelares de la salsa: el primer concierto de Richie Ray y Bobby Cruz en 1969, y que el destino quiso que el escritor Andrés Caicedo convirtiera en ídolos merecidos de su novela “Que viva la música”; la apoteósica presentación de la Fania en 1980, cuando toda la ciudad se convirtió en un gran paseo por la Calle Quinta y la gente caminaba apurada y feliz hacia el Coliseo del Pueblo; y el estreno en la feria de Cali Pachanguero.

Sin embargo, fue la canción Cali Pachanguero, la puntilla musical  definitiva para clavar en el mundo de la salsa, ese cartel que se pintaba cada año en la Feria y que declaraba a Cali como la Capital Mundial de la Salsa.

Ahí fue cuando con todos los honores apareció un compositor todavía no muy conocido, aunque ya en 1981 había grabado esa canción tan exitosa como fue Buenaventura y Caney: Jairo Varela, director y fundador del Grupo Niche, quien decía sin pena que él no era músico, solo compositor, respetando a aquellos artistas que han tenido academia musical. Varela siempre fue un empírico musical como lo fue el gran Benny Moré; hasta el punto que Gabriel Rondón, uno de los mejores guitarristas de jazz en Colombia, dijo de Varela en sus inicios: “carece de formación musical pero tiene hambre y tiene bagaje callejero”. 

Varela siempre en el trascurso de su vida mostró una terquedad indomable por lograr el sueño de ser un artista través de un proyecto musical que le diera nuevo oxígeno a la salsa que ya tenía sus bases en Nueva York y Puerto Rico y había alcanzado un perfil universal en las grandes ciudades del mundo. Todo empezó cuando a los 8 años su madre Teresa, le regaló una guitarra y creó un grupito musical llamado La Timba, lo que a la larga fue el primer ladrillo para construir el Grupo Niche, una de las mejores orquestas de salsa de Colombia y del mundo. En ese difícil tránsito a la creación musical, Varela en Bogotá, siendo muy joven, produjo jingles con Hildebrando Ortiz, el productor de El Club del Clan, el programa pionero de la música juvenil en la televisión colombiana.

Pero fue en 1984 cuando alcanzó su consagración definitiva, de la mano de Cali Pachanguero, que siendo escogida como canción de la feria, el público desde su estreno, la acogió como un segundo himno de la ciudad de Cali. Incluso cuando Varela murió en agosto de 2012, existieron serias propuestas de oficializar esta canción como un himno alternativo de la ciudad; a la par que la misma fue declarada nuevamente como la canción de la feria de ese año, en homenaje a Varela. Algo inédito en estos certámenes.  Cuenta el periodista y escritor bonaverense, Medardo Arias, que él conoció los ensayos de la canción en Cartagena, cuando se celebraba el Festival de Música del Caribe, donde participó el Grupo Niche: “...Después del Circo de Toros, (donde se celebraba el Festival) el ensayo continuaba en las noches; las voces, con acordes de trompetas, llegaban hasta las habitaciones: “De romántica luna/ el lucero que es lelo…si supieras la pena que un día sentí/ cuando cerca de mí tus montañas no vi…”.

El origen de la canción, la cuenta el mismo Jairo Varela: “Cali Pachanguero, es producto de la nostalgia que sentimos cuando dejamos nuestra tierra. Los colombianos, expresan bien ese sentimiento cuando se encuentran lejos de casa. Estábamos en un ensayo y hacia mucho frio en Nueva York; un muchacho nos miraba por una pared de vidrio y lo invité a entrar. Nos pusimos a hablar y había ido a Estados Unidos en busca del sueño americano. Ahora, sin la posibilidad de construir ese sueño, soñaba con un pasaje para regresar a Cali y no volver a salir nunca más de su ciudad. ¡jamás¡. Ahí está el alma de la canción que se convirtió en el éxito de mi vida”.

Cali Pachanguero, como Mi Valle del Cauca y Mi tierra natal, fueron canciones que se fueron cocinando en la mente de Varela a través del tiempo y que alcanzaron la consolidación del  artista como uno de los mejores compositores de música en Colombia.

Hay allí un gran secreto.

Registrando un poco la historia personal de Jairo Varela, se encuentra un camino biológico del ADN artístico en su familia cercana, a través de su abuelo materno, Eladio Martínez, empresario y guitarrista, pero especialmente de su madre Teresa Martínez. Era ella poetisa, novelista, dramaturga, declamadora, pintora, institutora folclórica y musicóloga. Mujer dinámica, locuaz, emprendedora, y controvertida para su época. Desde su nacimiento Teresa advirtió la notoriedad de su hijo: “...de tu pálido rostro se advertía  un raro interrogante que presagiaba la excelsitud de tu potente y agitado espíritu, librando la batalla del porvenir cuyos estampidos los intuía mi corazón a través de tu llanto inconforme y tenaz”. Cuando de niño le regaló la guitarra, le marcó su destino, porque en adelante Varela solo pensó en ser músico.

Fue ella su inspiración permanente y la fuente de su arte; y por eso cuando ella murió y Varela estaba en la cárcel, un juez no le permitió asistir al funeral y eso amargó un poco su corazón, lo cual expresó posteriormente en su trabajo discográfico llamado “A prueba de fuego” y con canciones que cuentan esa dura experiencia carcelaria, como  A prueba de fuego” y “La cárcel”. Varela fue condenado por enriquecimiento ilícito e hizo parte de las enredadas investigaciones fiscales del proceso 8.000. Varela siempre se declaró inocente a pesar de haber pagado varios años de cárcel, lo que no impidió que el público caleño le reconociera su extraordinario talento y especialmente el hecho de haber creado un segundo himno de la ciudad con Cali Pachanguero.

Es tal la fuerza del ritmo alegre y también nostálgico de esta canción, que de verdad se ha ido convirtiendo con el tiempo en un himno legítimo y popular de los caleños y de los vallecaucanos y también de los colombianos que viven fuera del país: Un amigo caleño que vive en USA, alguna vez me confesó que en su nostalgia por la tierra, siempre escuchaba Cali Pachanguero y Colombia Tierra Querida de Lucho Bermúdez.

En ese sentido, cuando las canciones se convierten en himnos vivos y permanentes, adquieren la condición de memorables y por supuesto sus autores se convierten en maestros de la composición musical colombiana. Jairo Varela, por su creación novedosa en el género de la salsa en un medio de grandes figuras mundiales, ya está en el ranking de nuestros grandes compositores como Lucho Bermúdez, Pacho Galán, José Barros, Rafael Escalona, solo para mencionar algunos. El mismo Varela alguna vez manifestó cuando se enteró de un agravio al maestro Lucho Bermúdez que le hizo el expresidente Cesar Gaviria al no asistir a su homenaje: “¿Por qué lo hace? ¿Acaso Lucho Bermúdez no representa a nuestro país? ¡Allí está pintada Colombia!”.

Jairo como ser humano agradecido le hizo un giño a sus amigos y mecenas: Jairo Obando, el viejito “Cañandonga” y a Manolo Solarte, el dueño de la conocida discoteca El escondite de Cali: en Cali pachanguero, al final, hay un grito que dice “Oye cañandonga sepárame la mesa” y otro que dice “Manolo escóndeme”.

Pero la saga artística de Jairo Varela se extendió con la creación de la novela póstuma llamada “El amanecer de los pájaros” que es realmente un reportaje del escritor Umberto Valverde, donde Varela hace un homenaje a la gente negra del pacifico y que fue lanzada recientemente.
 
Cali Pachanguero, tiene dos versiones celebres como son las de Tito Gómez y la original de Moncho Santana (Luis Alfonso Peña, su verdadero nombre), que es la versión que se escucha en  esta crónica. Y si quieren llenar más el corazón, por favor le agregan canciones como “Una aventura”, “Nuestro sueño”. “Mi pueblo natal”. Son formidables.

Cali Pachanguero
Autor: Jairo Varela y Grupo Niche.

Cali Pachanguero
Cali, luz de un nuevo cielo
Cali Pachanguero
Cali, luz de un nuevo cielo

De romántica luna
el lucero que es lelo
de mirar en tu valle
la mujer que yo quiero

Del jilguero que canta
calles que se levantan
Carnaval en Juanchito
todo un pueblo que inspira

Cali Pachanguero
Cali, luz de un nuevo cielo
Cali Pachanguero
Cali, luz de un nuevo cielo

Es por eso que espero
que los días que lejos
cuando dure mi ausencia
sabes bien que me muero

Todos los caminos conducen a ti
si supieras la pena que un día sentí
cuando en frente de mí tus montañas no vi

Que todo, que todo, que todo, que todo que

Que todo el mundo te cante
que todo el mundo te mime
celoso estoy pa' que mires
no me voy más ni por miles

Que todo el mundo te cante
que todo el mundo te mime
celoso estoy pa' que mires
no me voy más ni por miles

Permita que me arrepienta oh
mi bella cenicienta
de rodillas mi presencia
si mi ausencia fue tu afrenta

Que todo el mundo te cante
que todo el mundo te mime
celoso estoy pa' que mires
no me voy más ni por miles

Que noches, que noches tan bonitas
Siloé en sus callecitas
al fondo mi valle en risa
¡Ay!, todito se divisa

Que todo el mundo te cante
que todo el mundo te mime
celoso estoy pa' que mires
no me voy más ni por miles

Un clásico en el Pascual
adornado de mujeres sin par
América y Cali a ganar
aquí no se puede empatar

Que todo el mundo te cante
que todo el mundo te mime
celoso estoy pa' que mires
no me voy más ni por miles

Barranquilla puerta de oro
París la ciudad luz
Nueva York capital del mundo
del cielo Cali la sucursal

Que todo el mundo te cante
que todo el mundo te mime
celoso estoy pa' que mires
no me voy más ni por miles

A millas siento tu aroma
cualquiera justo razona
que Cali es Cali señoras, señores
lo demás es loma.

Cómo, ah pues,
oye Cañandonga sepárame la mesa,
Ah pues,
Manolo escóndeme
¡Cali!

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2 nov. 2019

Sur

Crónicas musicales… crónicas sobre canciones populares muy reconocidas en el mundo.

Por: Ernesto Pino

Dedico esta crónica a la memoria de los familiares y amigos íntimos que se fueron mucho más allá del sur y nos dejaron miles de recuerdos clavados en el alma.

Mil veces emocionado por la gran acogida del tango Sur, Aníbal Troilo “Pichuco” (Director de orquesta y autor de la música), abrazó  a Homero y le susurró “ya es hora de tu libro de poemas” a lo cual Manzi le respondió: “prefiero que la gente me cante y me silbe a que me lea”.

Normalmente cuando una canción tiene éxito, no es el autor de la letra, es el cantante quien se lleva todos los aplausos y el reconocimiento permanente. Con este tango sucedió lo contrario: los argentinos mayores le reconocen a Manzi, esta letanía sobre el recuerdo del antiguo Buenos Aires porque es una nostalgia clásica de aquellas cosas que se van quedando en la neblina del tiempo y que implacablemente guarda la memoria para las nuevas generaciones. El tango Sur es Manzi en la historia musical de Argentina.

Es tal la trascendencia de la canción, que el gran escritor Ernesto Sábato le confesó al pianista Héctor Stamponi (autor del tango "El último café") que hubiese dado varias páginas de sus libros a cambio de haber escrito un tango como Sur.

Uno de los pocos autores de letras de tango, que tuvo una vida singular como poeta, político, periodista, guionista y director de cine argentino, fue el gran Homero Manzi. Hasta su final sin cumplir los 44 años, conmovió el gran escenario tanguistico de su época. Suyas son, entre otras, las canciones “Ninguna”, “Fuimos”, “Milonga Sentimental”, “Malena”, “El ultimo organito”. El popular “barbeta” (seudonimo), cuyo nombre completo es Homero Nicolás Manzione, se despidió a lo grande con la letra de Sur a la cual musicalizó Aníbal Troilo. Este tango conmovedor como todas las despedidas es una perfecta evocación de los pasos del autor por el gran Buenos Aires.
  
Dice Don José Gobelo de Sur: “Es una elegía; es decir, una composición en la que se lamenta un acontecimiento desgraciado. En este caso, el acontecimiento desgraciado es el paso del tiempo, que a unos nos pinta de canas y a otros les lleva el pelo. El tiempo pasa, las cosas cambian y, como la memoria tiene finos tamices que sólo dejan pasar las cosas gratas, uno recuerda lo bueno del tiempo viejo, sólo lo bueno, y llora porque el pasado pasó. Pero, si el pasado no hubiera pasado, si sólo fuera presente, lo mismo lloraría uno por otro pasado anterior”.

Cuenta Francisco García Jiménez (compositor e historiador del tango) que la desaparición de Manzi “no fue una muerte sin remedio, porque él se ha salvado del olvido...”. Antes por el contrario tanto Manzi como este himno de la nostalgia que se llama Sur siempre despertará el instinto y la veneración profunda de los nuevos artistas, como en una ocasión le paso al cantautor español Joan Manuel Serrat: fue comenzando la década del 70 cuando un jovencísimo Joan Manuel Serrat empezó a pensar en la Argentina como su segunda casa. El bautismo se lo dio nada menos que Aníbal Troilo quien desde el escenario de Caño 14 lo invitó a compartir un tango. Juntos cantaron Sur.

Años más tarde, el propio Serrat lo contaría así: "Son esas cosas que uno se lleva puestas al otro mundo. Sueños del pibe realizados. Yo estaba allí, en Caño 14, con un grupo de amigos, cuando Troilo me invitó a cantar con él. Habíamos llegado muy tarde, éramos pocos en el local y estoy seguro de que todos querían subir”. Pero Pichuco eligió al vocalista. Me dijo: "Subí, gaita".

Así fue como el tango entró en el sentimiento de Serrat y ya nunca más se marchó.

Una historia más donde el tango Sur tiene su protagonismo, aparentemente sucedió con este hecho surrealista: cuenta Máximo Gris en su página (www.Maximogris.net) hablando de un ejemplo de lo que significa el valor de la solidaridad, que a la muerte de Homero Manzi, todos extrañaron la ausencia manifiesta de Aníbal Troilo Pichuco en el velorio del poeta. Sin embargo, al amanecer y cuando la sala de velación estaba casi sola de gente, se apareció Pichuco con la partitura de Responso, todavía fresca la tinta y abriendo la urna la depositó en las manos inertes del amigo. Unos años más tarde, Pichuco muere y su despedida final se realiza con los acordes de Sur. A propósito de Responso, se dice que esta bella pieza instrumental, de las más queridas del autor, a Pichuco no le gustaba tocarla porque sufría al hacerlo (en YouTube, es posible escuchar una excelente interpretación del grupo Quatrotango).

En nuestro suelo, la figura de Homero Manzi junto con Gardel se ha convertido en una expresión real de la devoción de los antioqueños por el tango, hasta el punto que en Medellín se fundó la Casa Cultural del tango Homero Manzi, “dedicada a recrear la cultura tanguera con cuadros de los protagonistas de la historia del movimiento musical, poemas de Homero Manzi escritos en las paredes, música de la más alta exquisitez y una rocola vibrante de melodías”.

A los que nacimos en los pueblos, o en la provincia, podemos sentir escuchando la canción, una cálida nostalgia de tiempos y lugares parecidos a los que narra el autor: las calles del barrio y sus escondrijos y atajos, la chica que admiramos parados en la esquina con cabellera rubia y ojos de colombina esperando una mirada de novia y hoy es una señora gorda, madre de 3 rufianes que fuman a escondidas en el cine y tiran las colillas; los juegos infantiles de calle abierta que nos hacía correr para liberar un compañero y gritarles “libertad” y las niñas jugando a la golosa  con brinquitos libres pero inocentes; las inundaciones de las quebradas convertidas en ríos; los muertos de la primera e infame violencia de los años 50, que cuando no cabían en los jeeps Willys los transportaban en helicópteros; los maestros de escuela tan rígidos pero tan honestos; los largos caminos sin pavimentar que nos llevaban al colegio y al centro de la ciudad; los sábados de rumba repartidos en la gaseosa noviera y los aguardientes profanos con ciertas damas; la aburridora práctica de la misa dominical y el poder oculto de los curas escudados  en el temor (no en el amor), que produce la idea de Dios y sus instrumentos bíblicos; los partidos de fútbol en canchas de barro que nos descubrieron la pasión de jugar sin árbitros y la dignidad de una derrota con sangre y sonrisas; los desobedientes y rebeldes perros callejeros que se “pegaban” a sus parejas en obscenos juegos de amor; la amistad de vecinos que en navidad se intercambiaban los buñuelos y la natilla; los bailes de carnaval en casetas de esterilla y uno afuera esperando ser mayorcito y poder entrar; la bronca social a los “aguacates”, que cuando llegaban al lugar  del delito, la gente murmuraba “al fin llego la policía”; …..en fin, el gran baúl de recuerdos en la memoria, hasta hoy que regresamos a buscar el baúl y no lo encontramos porque ya no hay callecitas cómplices y los amigos se fueron muriendo y ya las señoras del barrio no usan misal, ni escapulario, ni la mantilla para protegerse del sereno, ya no hay cancha de fútbol y en su lugar encontramos una mole de cemento con viviendas de interés social, ya no hay aroma de la cocina inmortal de mamá y muchas cosas se fueron al carajo y el sur ya no es el sur. Casi igual a lo que cantó Aznavour en “La bohemia”: …Soñando como ayer/rondé por mi taller/mas ya lo han derrumbado/y han puesto en su lugar/abajo un café-bar/ y arriba una pensión…

Menos mal que encima de este escudo de nostalgia honrosa todavía queda el presente lleno de luz y de cometas y aparece de nuevo el cofre mágico lleno de recuerdos, que nos hacen feliz el momentico cuando lo abrimos y sale un héroe o una heroína que compartió con nosotros el tiempo y una sonrisa maravillosa por el triunfo o un abrazo de condolencia tristona por lo que se perdió. Pero siempre ahí estará la esperanza de que algún día el mundo sea mejor.

Y ahí estará siempre esta versión maravillosa que canta Edmundo Rivero, y para los más jóvenes les recomiendo escuchar la versión de Andrés Calamaro, con su toque argentino y un aire de nueva canción. 


SUR
Letra de Homero Manzi (1 de noviembre de 1907- 3 de mayo de 1951)
Música de Aníbal Troilo
Compuesto en 1948.

San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,
Pompeya y más allá, la inundación,
tu melena de novia en el recuerdo,
y tu nombre flotando en el adiós...
La esquina del herrero barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur... paredón y después...
Sur... una luz de almacén...
Ya nunca me veras como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote,
ya nunca alumbrare con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya.
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé.

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robe.
Nostalgia de los años que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre del barrio que ha cambiado
y amargura del sueño que murió.

Sur... paredón y después...
Sur... una luz de almacén...
Ya nunca me veras como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote,
ya nunca alumbrare con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya.
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé.

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1 oct. 2019

La chica de Ipanema


Crónicas musicales… crónicas sobre canciones populares muy reconocidas en el mundo.
Dedico esta crónica a la memoria del escritor sevillano Javier Marulanda, Marulo; con quien compartí la idea que a Sevilla para ser una región maravillosa solo le faltaba un pedazo de mar y una playa, así fuera un tris de Ipanema.
  Por: Ernesto Pino
En el año 2016 se celebraron las olimpiadas de Rio de Janeiro y en su inauguración más de 80.000 personas lloraron y cantaron mientras Giselle Bundchen, la modelo mas famosa del Brasil, lucía y brillaba como la chica de Ipanema mientras sonaba la canción para todo el mundo. Esa fue la identificación universal del Brasil como país anfitrión de los juegos. Una canción simple pero con una música arrolladora que ya se había convertido en un reto para los cantantes como el gran Frank Sinatra quien la cantó acompañado de Tom Jobim, uno de los compositores. Madona y Cher también la cantaron.

En el año 1960 el escritor Vinicius de Moraes, uno de los mas celebres poetas brasileros del siglo 20, escribió un poema que representaba de manera amable y picara el retrato de la mujer ideal por lo menos en nuestra cultura latinoamericana. El poema se llama “Receta de mujer” (se trascribe al final), hasta ese momento su poema mas conocido, y dicen los rumores artísticos que aunque no lo pudo musicalizar por ser tan largo, si le sirvió de modelo a Vinicius cuando en el año de 1962 escribió la letra de una de las canciones populares mas famosas del mundo: La Chica de Ipanema (La Garota de Ipanema en portugués, idioma original).

 En el tiempo de la escritura, Vinicius elaboraba las piezas de una comedia musical llamada “Dirigible” (“Dirigivel” en portugués) y se encontró con “la chica de Ipanema” que todos los días veía pasar en la playa desde el bar Veloso (hoy Garota de Ipanema). El cómplice de estas jornadas del poeta, es el gran músico Antonio Carlos Jobim, quien a la postre con su melodía convirtió en canción el poema. Jobim, pianista y compositor y un fundador del bossa nova, ya era famoso en los escenarios musicales con el gran tema de jazz “Desafinado” y con “Chega de saudade”. Vinicius y Jobim eran amigos con una estruendosa bohemia y acudían al Veloso que les servía de oficina artística y de mirador a las bonitas playas de Ipanema. “Vinicius, recuerdan sus amigos, estaba hecho para la ternura y también para la desmesura. El mismo año en que compuso La Garota de Ipanema, protagonizó junto al guitarrista Baden Powell la borrachera más larga y memorable de toda la historia de la ciudad. Según Castro, fueron 86 días seguidos de farra en el apartamento del poeta, en los que ambos consumieron 240 botellas de whisky y compusieron 25 canciones”. (Ossiel Villada I Jefe de Redacción Online de El País Domingo, Octubre 20, 2013).
La inspiración fue casi obvia cuando se dieron cuenta que cerca de sus narices pasaban por oleadas las chicas mas lindas del Brasil. Allí empezaron a observar con cierta frecuencia a una chica rubia de ojos azules, llamada Hello Pinheiro (Heloísa Eneida Menezes Pais Pinto). Se les volvió una escena repetida de una película feliz y con ese retrato escribieron y musicalizaron la “Chica de Ipanema”. Hello solo supo de la canción dos años después de la composición y un año después de la grabación para la discográfica Verve por Stan Getz y João Gilberto, con Tom Jobim al piano, que luego saldría en el LP "Getz/Gilberto" (Recordar que Stan Getz es uno de los más importantes saxofonistas tenores de la historia del jazz).

Esta canción le cambiaria el rumbo de su vida.
Cuenta Hello que los artistas siempre estaban ebrios y sonrientes y se sentían intimidados con su presencia, pero nunca se imagino que pasaría después. Una vez la canción se empezó a difundir por todo el país, muchas chicas de la playa se atribuyeron la inspiración de la canción, hasta el punto que el poeta Vinicius, muy disgustado, hizo una rueda de prensa y anuncio que la chica de Ipanema era Hello Pinheiro.

A partir de allí, la vida de Hello cambio 180 grados: su ambición personal de ser profesora, jugadora de voleibol playa, conseguir un novio y tener una familia tradicional,  se cambió inevitablemente para ser un personaje público del Brasil. Se convirtió en presentadora de televisión, actriz y modelo incluso de la revista Play Boy. Aprovechó una circunstancia del destino y se convirtió en empresaria de ropa con la marca….por supuesto “La Garota de Ipanema”, lo cual le trajo problemas como el de una demanda de los familiares de Vinicius y Jobim, la cual fue saldada a su favor. Hello mantiene la tienda en la calle Vinícius de Moraes, 53, en Ipanema, al lado del bar donde fue inspirada la canción (ver João Prado “La Garota de Ipanema en Revista Soho).

Con la gran difusión de la radio, la televisión y las revistas, Hello se convirtió en la diva del Brasil, era la mujer mas deseada por todos los hombres, sus afiches se repetían en las tiendas, en los almacenes, en las cantinas, en las cabañas de la playa y fue por esos años el chisme feliz de las calles de Rio de Janeiro. Incluso se llego a decir que Jobim se enamoró de ella, aunque al final solo fue el padrino de matrimonio.

Han pasado más de 60 años y la chica de Ipanema se convirtió en una mujer madura que ya nadie reconoce a no ser que visiten su tienda de ropa. Vinicius y Jobim se fueron para siempre pero nos dejaron esta genialidad de la música clásica popular.

Escuchen arriba la excelente versión de Joao y Astrud Gilberto y el saxofón de Stan Getz (Joao canta en portugués y Astrud en ingles).

La Chica de Ipanema (Letra)
Olha que coisa mais linda
Mais cheia de graça
É ela menina
Que vem e que passa
Num doce balanço
Caminho do mar

Moça do corpo dourado
Do Sol de Ipanema
O seu balançado
É mais que um poema
É a coisa mais linda
Que eu já vi passar

Ah, por que estou tão sozinho?
Ah, por que tudo é tão triste?
Ah, a beleza que existe
A beleza que não é só minha
Que também passa sozinha

Ah, se ela soubesse
Que quando ela passa
O mundo, sorrindo
Se enche de graça
E fica mais lindo
Por causa do amor

Tall and tan
And young and lovely
The girl from Ipanema
Goes walking
And when she passes
Each one she passes
Goes: Ah

When she walks
She's like a samba
That swings so cool
And sways so gently
That when she passes
Each one she passes
Goes: Ah

Oh, but he watches so sadly
How can he tell her he loves her?
Yes, he would give his heart gladly
But each day when she walks to the sea
She looks straight ahead not at he

Tall and tan
And young and lovely
The girl from Ipanema
Goes walking
And when she passes
He smiles but she doesn't see

Oh, but he watches so sadly
How can he tell her he loves her?
Yes, he would give his heart gladly
But each day when she walks to the sea
She looks straight ahead not at he

Tall and tan
And young and lovely
The girl from Ipanema
Goes walking
And when she passes
He smiles but she doesn't see
She just doesn't see

No, she doesn't see
But she doesn't see
She doesn't see
No, she doesn't see

Les trascribo el poema de Vinicius de Moraes “Receta de Mujer” que fue la vista previa a esa canción inmortal de la “Chica de Ipanema”: indudablemente uno de sus poemas más famosos:

Receta de Mujer
Las muy feas que me perdonen,
pero la belleza es fundamental. Es necesario
que haya algo de flor en todo eso,
algo de danza, algo de haute couture
En todo eso (o entonces
que la mujer se socialice elegantemente en azul, como en la República Popular China). No hay términos medios posibles.
Es necesario
que todo eso sea bello. Es necesario que de pronto
se tenga la impresión de ver una garza apenas posada y que un rostro adquiera de vez en cuando ese color sólo aprehensible en el tercer minuto de la aurora.
Es necesario que todo eso sea sin ser, pero que se refleje y germine
en la mirada de los hombres. Es necesario, es absolutamente necesario
que todo sea bello e inesperado. Es necesario que unos párpados cerrados
recuerden un poema de Éluard y que se acaricie en unos brazos
alguna cosa más allá de la carne: que se los toque
como al ámbar de una tarde. Ah, dejadme deciros
que es necesario que la mujer que allí está como la corola ante el pájaro
sea bella o por lo menos tenga un rostro que recuerde un templo y
sea ligera como un resto de nube: pero que sea una nube
con ojos y nalgas. Las nalgas son importantísimas. Los ojos,
y esto ni se discute, que miren con cierta maldad inocente. Una boca
fresca (¡nunca húmeda!) móvil, viva, es también obstinadamente requerible. Es necesario que las extremidades sean flacas: que los huesos
despunten, sobre todo la rótula al cruzar las piernas, y las pélvicas puntas
en el abrazo de una cintura móvil. Gravísimo es sin embargo el problema de las clavículas: una mujer sin sabrosas clavículas
es como un río sin puentes. Indispensable
es que haya una hipótesis de barriguita, e inmediatamente
la mujer se eleve como un cáliz, y que sus senos
sean de estilo greco-romano, antes que gótico o barroco,
Y puedan iluminar la oscuridad con una capacidad mínima de cinco velas.
Es absolutamente preciso que el cráneo y la columna vertebral
se vislumbren ligeramente… ¡y que exista un gran latifundio dorsal!
Los miembros que terminen como astas, pero que haya un cierto volumen de muslos
y que sean lisos, lisos como un pétalo y cubiertos de suavísimo vello
absolutamente sensible a la caricia en sentido contrario.
Es aconsejable en la axila un dulce césped de aroma propio
apenas sensible (¡un mínimo de productos farmacéuticos!).
Preferibles son sin duda los cuellos largos
de forma que la cabeza dé a veces la impresión
de no tener nada que ver con el cuerpo, y la mujer nos recuerde
flores sin misterio.
Pies y manos deben contener elementos góticos
discretos. La piel debe ser fresca en las manos, en los brazos, en la espalda y en la cara,
pero los recovecos e interioridades deben tener una temperatura nunca inferior A 37° centígrados, capaces eventualmente de provocar quemaduras
de primer grado.
Los ojos, que sean de preferencia grandes
y de rotación por lo menos tan lenta como la de la tierra; y
que se sitúen siempre más allá de un invisible muro de pasión
que es necesario sobrepasar.
Que la mujer sea alta en principio. O, si es baja, que tenga la actitud mental de los altos pináculos.
Ah, que la mujer dé siempre la impresión de que, si se cierran los ojos,
al abrirlos ella no estará más presente
con su sonrisa y sus intrigas.
Que ella surja, no venga; parta, no vaya;
Y que posea una cierta capacidad de enmudecer súbitamente y hacernos beber
la hiel de la duda. Oh, principalmente
que ella no pierda nunca, no importa en qué mundo,
no importa en qué circunstancias, su infinita volubilidad
de pájaro;
Y que acariciada en el fondo de sí misma
se transforme en esfera sin perder su gracia de ave; y que exhale siempre
el imposible perfume; y destile siempre
la embriagante miel; y cante siempre el inaudible canto
de su combustión; y no deje de ser nunca la eterna danzarina
de lo efímero; y en su incalculable imperfección
constituya la cosa más bella y perfecta de toda la innumerable creación.

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3 sept. 2019

Te busco


Crónicas musicales… crónicas sobre canciones populares muy reconocidas en el mundo.
Dedico esta crónica al cineasta Sevillano Lisandro Duque quien sacó de la manga esta canción y le dio vida a su película Visa Usa. Igual es un mensaje a los jóvenes cineastas en el sentido que una canción de tres minutos le puede dar vida autónoma a un guion cinematográfico.

A Adolfo, el protagonista de la película, solo le bastaron tres minutos bailando un bolero para que Patricia con la cara llena de lluvia aprobara su amor.
Por | Ernesto Pino
Muy posiblemente dentro de la antología musical del maestro Lucho Bermúdez, esta canción aparezca como la melodía popular de moda en los años de 1948 y 1949, al causar sensación a través de la radio y las rockolas. Probablemente también su creación, no sea más que un momento afortunado del autor, como sucede con la mayoría de las canciones. Incluso, no es muy clara la paternidad de la letra, pues el reconocido musicólogo Hernán Restrepo Duque, dice que la composición son versos de Armando Cañavera y no de Lucho Bermúdez, autor de la música en son de guajira. Dicen que el poeta Barranquillero Cañavera, le escribió unos versos a una novia adolescente a la que nunca pudo olvidar con el nombre de “Canción del recuerdo” y luego Lucho Bermúdez, convencido de la letra del poema le cambio el titulo por “Te busco”. Dicen que Cañavera en su etapa de despecho por la ausencia definitiva de la novia y estando en el terminal de transportes de Barranquilla, la vio de pasajera en un bus intermunicipal y adivinó su cara de ángel en la ventanilla. Salió corriendo detrás del vehículo hasta que el mismo se perdió en la distancia. Nunca más la volvió a ver y su emoción de la perdida la reflejó en un poema que luego Lucho Bermúdez lo convirtió en canción.

La canción “te busco”, por si misma tiene méritos suficientes para ser considerada como parte de los buenos boleros de la época, cuando Lucho era más conocido por la composición de sus porros y la interpretación de música popular bailable, de las cuales en esta antología se han escogido otras canciones con ese talante como Carmen de Bolívar, San Fernando y Colombia tierra querida. La canción es un homenaje a la nostalgia con un ritmo extraño de guajira que la define como tal.

Sin embargo, su historia comienza cuando se convierte en la banda sonora de la película “Visa Usa”: amarra un guion en el cual se manifiesta con mucha fuerza el éxodo de tantos colombianos buscando suerte afuera, especialmente en los Estados Unidos. La película dirigida magistralmente por el cineasta Lisandro Duque Naranjo, quien ya había realizado “El Escarabajo”, recrea los anhelos y esperanzas de los jóvenes en una tierra común donde no existen oportunidades de trabajo o estudio y donde los vicios provincianos del desempleo, como las cartas, las rifas, el billar, la informalidad y la vagancia de la calle, se manifiestan con mayor notoriedad que en las ciudades populosas. Dos jóvenes enamorados sin ninguna definición clara de su futuro, se la juegan toda al azar de los destinos, como sigue sucediendo hoy con los jóvenes que quieren una vida más digna: Hace 20 años o más, en los pueblos colombianos, las chicas aseguraban su destino más fácil cuando se casaban con un “buen partido”, ignorante y “platudo”, normalmente hijo de uno de los ricos del pueblo, como alternativa a la baja probabilidad de seguir estudiando en otras ciudades y buscar por su cuenta un futuro más personal y con más opciones de vida.

En el cine colombiano, hasta ese momento, no se había representado una imagen clara de lo que significaban los jóvenes de la provincia con toda su compleja realidad que siempre los ha enfrentado al desarraigo y al abandono de su tierra, como parte de una diáspora a los Estados Unidos y Europa que va creciendo mientras pasa el tiempo y el sistema social no les brinda siquiera lo más básico para organizar un futuro allí mismo. A los pueblos se les exprime sin consideración, la riqueza que se produce se la llevan a otras ciudades mayores y no regresa; y los jóvenes terminan siendo las victimas principales de la migración.

Evidentemente esta pareja de jóvenes enamorados, que empiezan a tejer sus vidas buscando la suerte en otra parte, son la personificación de “héroes” urbanos de la provincia. Con seguridad en la década del 70 y 80 del siglo pasado muchos jóvenes de este país se identificaron con los personajes y con la película como lo manifiesta el periodista y escritor José Arteaga, en su libro “Lucho Bermúdez, Maestro de Maestros”, en la escena más impactante de la película: “ese par de muchachos permanecían abrazados con una fuerza inusitada bajo la lluvia. Ninguno se quería soltar cuando comenzó a sonar ese bolero. Ya lo había escuchado antes pero siempre pensé que era cubano; solo en los créditos finales que estuvieron a punto de ser cortados por un nefasto proyeccionista, vine a caer en la cuenta de mi aterradora ignorancia. Era la orquesta de Lucho Bermúdez y cantaba Matilde Díaz”.

A mí personalmente me ocurrió algo similar, que después de haber visto la película con un raro cosquilleo en el estómago, me quedó en la lengua y en la mente el tarareo de la canción. Cuando la encontré, también me sorprendió que la misma tuviera origen nacional con la magia de Lucho Bermúdez y la voz diáfana de Matilde Díaz.

La otra impresión, la de sorprendido provinciano, es la de poder saborear la nostalgia de Sevilla, en cuyas calles y recintos por la década del 80, se filmó la película. No hay grandes diferencias con la Sevilla de hoy, más de 30 años después: es el mismo aire de pueblo con ese clima maravilloso de nubes y soles esporádicos, salvo los cambios en los avisos de los negocios, una cultura renaciente con un Festival Bandola que se canta incesante, cafeteros quebrados y un restaurado parque de “La Concordia”.

No quiero referirme a los detalles, pero en mi mente quedará para siempre esa escena memorable de Marcela Agudelo y Armando Gutiérrez (Patricia y Adolfo en la película), cuando abrazados al ritmo de la felicidad tristona de “te busco”, se funden, se besan, se amacizan, él siente la gloria de la conquista y ella enamorada, descansa con picardía su vejiga llena, que no aguanta más, aprovechando la complicidad del fuerte aguacero, mientras bailan casi solos en la pista. Esa sola escena paga la boleta.

Escuchen la canción original en la voz de Matilde Díaz con la orquesta de Lucho Bermúdez.

Te Busco
Letra: Armando Cañavera
Música: Lucho Bermúdez
Voz: Matilde Díaz

Te busco por la distancia
con una angustia de llanto.
Amor de mi adolescencia
virgencita de mi encanto.
Y solo encuentro el recuerdo
que me dice entristecido:
que no volverán los besos
que volaron al olvido.
Tus besos, tus manos blancas,
la dulzura de tus ojos
ya no alegraran mi senda
multiplicada de abrojos.
Virgencita de mis sueños
la distancia te ocultó
pero vivo aquel recuerdo
del amor que se esfumó.

Nota: existe una canción con el mismo nombre, compuesta por el compositor Víctor Victor y cantada con mucho brillo por la cantante cubana Celia Cruz. Es una letra bellísima que narra las circunstancias poéticas del dolor de un hombre que perdió a su esposa en la India donde fue secuestrada y aunque la buscó incesantemente durante mucho tiempo nunca la pudo encontrar. Victor Victor impresionado por la historia que le contó un amigo, compuso la canción. Yo creo que es una obligación describirla y cantarla en la voz de Celia.

Te Busco
Canta: Celia Cruz
Autor: Víctor Víctor

Al cielo una mirada larga
buscando un poco de mi vida
mis estrellas no responden
para alumbrarme hacia tu risa

Olas que esfuman de mis ojos
a una legión de tus recuerdos
me roban formas de tu rostro
dejando arena en el silencio

Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente
me envuelven en un velo
te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado
como un pañuelo viejo
Y no hago más que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo

En cualquier huella te persigo (voy tras de ti)
en una sombra te dibujo (al recordar)
huellas y sombras que se pierden (de la solidad)
la suerte no vino conmigo
Te busco….

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